martes, 4 de diciembre de 2007

La Globalizacion de la Sociedad Civil y su Respuesta a los Problemas Mundiales http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/24/3/char0502.pdf

382 LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
La globalización de la sociedad civil
y su respuesta
a los problemas mundiales
CLARA INÉS CHARRY S . *
COMERCIO EXTERIOR, VOL. 52, NÚM. 5, MAYO DE 2002
La historia reciente, la de los albores del siglo XXI, nos presenta
un mundo que avanza a paso veloz hacia nuevas etapas del
proceso de globalización. Ante ello es necesario analizar
algunos fenómenos paralelos que buscan redefinir el sentido
de los procesos globalizadores y que están ligados a lo
que sucede en el espacio de la vida colectiva de las regiones,
los pueblos y las localidades. Allí se está gestando una
nueva forma de expresión de la sociedad civil organizada,
la que se pronuncia y actúa por la defensa de los principios
de los derechos humanos de la primera, segunda y tercera
generaciones.
* Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana,
plantel Iztapalapa, adscrita al Departamento de Sociología, Área de Investigación
Acción Colectiva e Identidades Emergentes, Centro de Documentación
e Información sobre Organizaciones Civiles.
COMERCIO EXTERIOR, MAYO DE 2002 383
LAS GENERACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS
Y LA SOCIEDAD CIVIL
Al inicio del siglo XXI la concepción y el respeto de los derechos
humanos mantienen una situación paradójica en
escala internacional, no sólo en las diferencias evidentes entre
países sino también dentro de los mismos. Por una parte, el
conjunto de fenómenos que ha resultado en la globalización
ha contribuido de modo significativo a la amplia difusión de
los conceptos que sustentan la definición de este conjunto
de derechos, al tiempo que ha desencadenado nuevos procesos
sociales y el surgimiento de nuevos actores e identidades con
demandas y conceptos nuevos. Por otra parte, se ha documentado
que en diversos territorios del planeta hay un insuficiente
reconocimiento de las leyes o de lo que de manera general se
ha reconocido como derechos básicos. El entorno de la globalización
plantea, entonces, nuevos campos problemáticos en
el ámbito de los derechos humanos.
En 1998 se conmemoraron los 50 años de la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre, emitida en París por
la Asamblea General de la Naciones Unidas en 1948, y que
hoy representa el consenso de la comunidad internacional de
que “la inherente dignidad de la persona humana demanda
que los estados reconozcan en todos los hombres y mujeres
derechos y libertades fundamentales”. Estas fórmulas concretas
estuvieron precedidas a su vez por dos significativos antecedentes:
el documento inicial los Derechos del Hombre,
que elaboró una comisión de la UNESCO, constituida para
tal fin en 1947 y que presidió Edward H. Carr, en donde se
estableció que tales derechos son “aquellas condiciones de vida
sin las cuales, en cualquier fase histórica de una sociedad, los
hombres no pueden dar de sí lo mejor como miembros activos
de la comunidad porque se ven privados de los medios
para realizarse plenamente como seres humanos”;1 y la Declaración
Interamericana de los Derechos y Deberes, aprobada
en Bogotá en mayo de 1948.
Estos tres documentos abrieron un camino para dar fuerza
imperativa al reconocimiento de estos derechos y lograr
medidas eficaces para su preservación. El 16 de diciembre
de 1966, durante la XXI sesión de la Asamblea General de
las Naciones Unidas, se aprobaron dos convenciones y un
protocolo opcional sobre los derechos humanos en materia
económica, social y cultural, así como civil y política.
Además, el protocolo estableció la posibilidad de que los
individuos y no sólo los estados denunciaran ante el Comité
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas las violaciones
a éstos.
Estas disposiciones fueron resultado de una tenaz y permanente
demanda de sectores específicos en diversas sociedades
nacionales. El reconocimiento de tales derechos coincidió
con las luchas anticoloniales de la posguerra en Asia y
África para afirmar su soberanía y crecimiento frente a las naciones
poderosas, con la demanda social de grupos que pugnaban
por superar la posición de desigualdad en que se encontraban
en sus países, como las minorías raciales, entre otros,
en especial los negros en Estados Unidos y, desde luego, la causa
de las mujeres.
La normatividad en torno de los derechos humanos ha
evolucionado a lo largo de la historia. La primera generación
establece los llamados “derechos de libertad”, provenientes
de la revolución francesa, especialmente la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 al igual que
la Constitución de 1776 del estado de Virginia. Esta generación
consagra los derechos civiles individuales y políticos.
Los derechos de la segunda generación, también llamados
derechos de igualdad, son los económicos, sociales y culturales,
los cuales devienen de la revolución mexicana, que los
incorpora en la Constitución de 1917, y en la constitución
de Weismar de 1919, la española de 1931, la soviética de 1936
y la irlandesa de 1937, entre muchas otras.
Los derechos de la tercera generación también denominados
de solidaridad o de los pueblos expresan nuevas reivindicaciones
y aspiraciones de la humanidad, y para su logro
requieren del esfuerzo de todas las fuerzas sociales y de la
comunidad internacional.2
En la actualidad nuevas amenazas y crecientes peligros se
ciernen sobre todo el género humano, planteando nuevas dificultades
y serios desafíos. Hoy parece inevitable el deterioro
ecológico en escala planetaria por la agresión indiscriminada
e irreflexiva del ser humano; el hambre, la ignorancia, la desnutrición
y la insalubridad causan estragos en pueblos enteros;
centenares de millones de seres humanos se debaten entre
la miseria, la discriminación, la explotación y la opresión
y, por si fuera poco, sobre la humanidad pende la amenaza
de guerras bacteriológicas y nucleares. Éstos son, asimismo,
algunos de los problemas, peligros y amenazas que dan objeto
y sentido a los derechos humanos de la tercera generación.
El reconocimiento de éstos ha encontrado reservas y
reticencias de carácter doctrinal.3 Se plantea que son sólo
aspiraciones, cuyo objetivo además de impreciso es de difícil
realización. Cabe recordar que en su tiempo los derechos
humanos de primera y segunda generaciones también repre-
1. UNESCO, Los derechos del hombre, 1947, p. 237.
2. Jorge Carpizo M., “Los nuevos derechos humanos”, en Clásicos mexicanos
de los derechos humanos. De la Constitución vigente a nuestros días,
t. I, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, México, 1993, p. 203.
3. Ibid., pp. 205-206.
384 LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
sentaban sólo aspiraciones, algunas de las cuales aún están por
alcanzarse.
El conjunto de los derechos humanos, independientemente
de su generación, constituye un todo universal, indisociable,
interdependiente y complementario. Sin el disfrute de
uno es imposible la realización de los otros. Todos tienen como
objetivo común la salvaguardia de la vida, las condiciones
materiales de la existencia del hombre y la preservación de
los valores humanos esenciales.
Las declaraciones de derechos humanos comprenden cinco
tipos de derechos, entendidos éstos más allá de los ámbitos
jurídico, axiológico o de valor: los derechos civiles, políticos,
económicos, sociales y culturales.
Los derechos civiles se refieren al respeto a la vida misma,
a la libertad, el honor, la integridad y la seguridad personales;
a la prohibición de castigos crueles o degradantes; a la
proscripción de la pena de muerte; a la libertad de elegir y ser
elegido, así como a la garantía de intervención judicial y de
un proceso antes de una condena. También reconocen algunas
libertades clásicas, como la de pensamiento, de religión,
de expresión, de asociación, de libre tránsito y algunas más
recientes, como el derecho a la intimidad. Se incluyen también
algunas aspiraciones antiguas, como la de no sufrir discriminación
alguna por razones de raza, color, sexo, lenguaje
y nacionalidad, así como el derecho a contraer matrimonio
o fundar una familia. Estos derechos están destinados a la
protección del ser humano, considerado individualmente,
contra cualquier agresión de un órgano público. Se caracterizan
por que imponen al Estado el deber de abstenerse de
interferir en el ejercicio y goce de ellos. A la vez implican una
actitud pasiva del Estado, que debe limitarse a garantizarlos
con todos los medios de que disponga. Estos derechos se
pueden exigir en todo momento y en cualquier lugar.
Los derechos políticos reconocen el que tienen todos los
individuos de tomar parte en el gobierno de su país. La Convención
Mundial de 1966, desbordando el ámbito de los
derechos personales, establece que la voluntad del pueblo será
la base de la autoridad del gobierno, que todos los pueblos
tienen derecho a su propia determinación y que pueden definir
libremente su estatus político, buscar su desarrollo social,
económico y cultural, y disponer como lo estimen prudente
de su riqueza y sus recursos naturales.
Los derechos de tipo económico tienen como objetivo
garantizar el bienestar material. Incluyen la libertad de trabajo,
la obtención de condiciones laborales favorables, la
protección contra el desempleo, el derecho a pago igual
por trabajo igual y el de recibir una retribución que asegure
al trabajador y su familia una existencia compatible
con la dignidad humana. Asimismo, se proclama para todos
los hombres el derecho a la salud, lo que incluye alimentación,
vestido, habitación, cuidados médicos y servicios
sociales.
Entre los derechos sociales está el que se tiene al descanso
y al ocio, a que la maternidad y la niñez sean objeto de especial
cuidado y asistencia, y a que todos los infantes nacidos
dentro o fuera del matrimonio gocen de la misma protección
social.
Los derechos culturales proclaman que la educación elemental
será gratuita y obligatoria. La técnica elemental se
pondrá al alcance de todos, y a la superior se llegará por el
mérito. La educación estará dirigida al desarrollo completo
del individuo y promoverá el entendimiento, la tolerancia y
la amistad entre todas las naciones y los grupos raciales o religiosos.
Asimismo, se plantea que todos tienen derecho a
participar en la vida cultural de la comunidad, a gozar las artes
y a compartir el avance científico y sus beneficios. Éstos se
llaman también derechos del espíritu.
Estos derechos de la segunda generación requieren que el
Estado actúe para que los ciudadanos tengan acceso a ellos
en concordancia con el grado de desarrollo económico de cada
nación. Son derechos colectivos porque benefician a grupos
humanos, no a individuos. Su establecimiento no depende
sólo de la disposición de un orden jurídico, ni de la simple
decisión política de un gobierno o una autoridad sino de la
generación de un orden social.
Los derechos de la tercera generación son el producto del
cambio histórico, están en proceso de definición y algunas
convenciones internacionales ya los consagran. Su ejercicio
depende de la actuación de la comunidad internacional pues
se requiere la creación de condiciones nacionales e internacionales
adecuadas para su efectiva realización. Su definición,
aprobación y reconocimiento dependerán del avance y la consolidación
de las democracias, de la incorporación de políticas
tendientes al desarrollo y la justicia social, así como del
establecimiento de nuevas condiciones que asuman el principio
de solidaridad en las relaciones internacionales.
Entre los de tercera generación destacan los derechos
al desarrollo, a la libre determinación de los pueblos, a un
ambiente sano y ecológicamente equilibrado, a beneficiarse
del patrimonio común de la humanidad, a la comunicación,
a ser diferente y a la paz. Su aprobación por la
comunidad internacional y su inclusión en las legislaciones
nacionales es un proceso que aún no concluye o apenas comienza
a cristalizar.
La lucha por el reconocimiento y la protección de los derechos
se ha dado en todos los períodos de la historia. La crisis
de los derechos humanos es una amenaza para la humanidad.
La lucha por ellos ya no se circunscribe a un territorio
COMERCIO EXTERIOR, MAYO DE 2002 385
en particular; se universaliza, se globaliza y es la esencia misma
de la lucha del hombre en todo el mundo. El orden jurídico
internacional cambió fundamentalmente desde 1945,
a raíz de la promulgación de la Carta de la Organización de
las Naciones Unidas y sobre todo de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, en diciembre de 1948. Los
cambios se han profundizado con las posteriores firma y ratificación
de pactos y convenciones de derechos humanos,
universales o regionales, generales o específicos, los cuales son
jurídicamente obligatorios para los países que los suscriben.4
Por causas muy diversas, los derechos humanos han
avanzado a la par de las profundas transformaciones que
han experimentado los estados y de los muy notables cambios
y desajustes de la sociedad actual. Son cambios que
tienen una dimensión mundial por efecto de los procesos
de globalización.
DEMANDAS MUNDIALES Y ACCIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
Del mismo modo que la globalización económica tiende
a instituir mercados sin fronteras, la sociedad civil mundial
se moviliza por diversas demandas que desbordan los límites
nacionales, como la defensa de los derechos humanos,
la búsqueda del equilibrio ecológico, la oposición a la política
neoliberal (por los efectos de sus dictados en el incremento
de la pobreza, particularmente en África y América Latina),
contra la marginación y la desigualdad; por un comercio justo
y equitativo; por una política económica coordinada; por
la defensa de los derechos de los pueblos indios; contra el
capital especulativo; por la búsqueda de soluciones y alternativas
al problema de la deuda externa; contra el ALCA y
la circulación y expansión del capital transnacional especulativo;
por la aplicación de la tasa Tobin que grava el capital especulativo;
por el impulso a políticas sociales en los planes del
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional; por la paz
mundial; contra el desempleo; por mejoras en la salud y la
educación; por reformas que aumenten la seguridad social, y
por la supresión de los paraísos fiscales, entre otras.
Todas éstas son aspiraciones de los pueblos que hoy más que
nunca han generado movilizaciones que desbordan las fronteras
nacionales y que se debaten y defienden en calles y foros
del mundo entero; todo ello encabezado por grupos y sectores
organizados de la sociedad civil. A continuación se revisan
de manera sucinta algunos aspectos de este fenómeno de organización
y manifestación de descontento ante problemas
comunes del orbe.
Denominaciones y actores
Entre las diferentes maneras con que se designa el fenómeno
destacan las siguientes: globalifóbicos, antiglobalizadores,
antineoliberales, anarquistas, anticapitalistas, movimiento
antilibre comercio, y resistencia social global. Podríamos, con
propiedad, llamarlos sociedad civil global organizada.
Entre los manifestantes se encuentran jóvenes, estudiantes,
obreros, campesinos, mujeres, médicos, artesanos, maestros,
periodistas, población en general; presentan una gran
diversidad de posiciones políticas e ideológicas: anarquistas,
guevaristas, troskistas, leninistas, marxistas, pacifistas, campesinistas,
cristianos, nacionalistas, proteccionistas, pragmáticos,
autogestionarios, demócratas, radicales, neorreformistas,
liberales, partidarios de la no violencia, progresistas, etcétera.
La organización y formas de coordinación de todos estos
sectores y tendencias es diversa. Hay instancias regionales
y mundiales representadas en instancias de coordinación
y organizaciones no gubernamentales como Acción
Global de los Pueblos (AGP); la Alianza Social Continental
(ASC), que opera en todo el continente americano; la
Vía Campesina, que agrupa a organizaciones de Europa,
Canadá, Estados Unidos y América Latina; el Centro
Tricontinental, conformado por analistas sociales que participan
con propuestas; el Comité por la Cancelación de
la Deuda del Tercer Mundo; la Asociación por un Tributo
a las Transacciones Financieras para Ayuda a Ciudadanos
(ATTAC), que funciona en 30 países y son los principales
promotores de la aplicación del impuesto Tobin que grava
al capital especulativo; el Movimiento de Resistencia
Global; la Red Ciudadana contra la Deuda Externa; los
Tutto Bianchi o Monos Blancos; Focus on the Global
South, que opera en Asia; Jobs with Justice (Trabajo con
Justicia); la red 50 Years is Enough (50 Años son Suficientes);
la organización Globalisation from Bellow (El Grito
de la Globalización) y la red Ya Basta.
Es muy clara la presencia de organizaciones sociales y ciudadanas
y casi nula la participación de partidos y organizaciones
políticos, aunque ocasionalmente acuden representantes
de algunos de éstos cuando en paralelo a alguna cumbre
se convoca a foros y encuentros promovidos principalmente
por organizaciones no gubernamentales, como ha sido el
caso de las dos cumbres de los Pueblos de América. La segunda
Cumbre se realizó en Quebec en marzo de 2001, en el marco
de la Tercera Cumbre de Mandatarios de las Américas, y
en ella se formó la Alianza Social Continental que emitió la
Declaración “No al ALCA. Otra América es posible”. En esta
cumbre participaron cerca de 700 organizaciones y en las
protestas, entre 40 000 y 50 000 personas.
4. Andrés Serra R., “La consideración contemporánea de los derechos humanos”,
en Clásicos mexicanos..., op. cit., p. 175.
386 LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
No existe un movimiento que unifique, ni una instancia que
coordine estas acciones; es más bien una red de redes estructuradas
de manera horizontal. “Sería inútil buscar una cabeza
o un centro de decisión del movimiento, es más una red de redes
en la que el movimiento encuentra su fuerza, su flexibilidad y
su capacidad de convocatoria, sin uniformar, sino más bien
alimentándose de la diversidad.”5
Sin embargo, se advierten tendencias que podrían aglutinarse
en torno a tres corrientes de opinión, aún embrionarias
y no unificadas, pero con coincidencias frente a los temas centrales
del debate actual y las posibles alternativas de solución.
Un primer polo radical se opone por igual a los nacionalistas
proteccionistas y reformistas por considerarlos de amplitud
escasa, pero a su vez tiene limitaciones en la formulación de
propuestas debido en parte a la crisis general de los proyectos
y referentes de transformación. El segundo polo nacionalista
está convencido de que es el marco de los estados nacionales
donde se encuentra el camino para garantizar las conquistas
sociales, los derechos humanos y la expansión de la democracia.
Estas propuestas, las cuales se presentan tanto entre los
países ricos como en los del sur, tienen dificultades para definir
planteamientos viables en el marco nacional.
El último polo estaría definido por una corriente neorreformista,
preferentemente ubicada en los países del norte, cuya
prioridad estaría dirigida a buscar la reforma global de los organismos
e instituciones internacionales multilaterales. Reconocen
al libre mercado como el factor regulador, pero se oponen
a los extremos del neoliberalismo. También están en contra
de las posiciones nacionalistas proteccionistas y plantean la
gobernabilidad global. Este polo es el más sensible a las llamadas
de diálogo y a los foros abiertos por los organismos internacionales,
como han sido los casos de Seattle, Washington, Praga,
Quebec y Génova.
Las acciones de protesta
La mayor movilización, no la primera aunque sí la que más
llamó la atención mundial, fue en Seattle el 3 de diciembre
de 1999, en donde cerca de 40 000 personas protestaron
contra la mundialización que pactaban 135 países en la Tercera
Conferencia Ministerial de la OMC. A ésta le siguieron
muchas otras: Davos, Foro Económico Mundial, en enero de
2000, con 1 300 manifestantes; Bangkok, Conferencia de las
Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo Económico
(CNUCED) en febrero de 2000; Washington, reunión ministerial
del FMI y el Banco Mundial, en abril de 2000, con 3 000
manifestantes; Chiang Mai, en Tailandia, en mayo de 2000;
Nueva York, reunión del FMI y el Banco Mundial en junio
de 2000; Ginebra en junio de 2000, con 5 000 manifestantes;
El Cairo, en junio de 2000; Millau, Francia, en junio de
2000 que reunió, como en Seattle, a 40 000 manifestantes
(a raíz de esta reunión los actores sociales franceses decidieron
que en esta fecha se conmemorará el aniversario de la lucha
contra la mundialización y las multinacionales); Nueva York,
Asamblea General del Milenio, de las Naciones Unidas, en
septiembre de 2000; Praga, asamblea anual del FMI y del
Banco Mundial, en septiembre de 2000, que reunió a 15 000
activistas; Seúl en octubre de 2000; Nueva York, llegada de
la Marcha Mundial de las Mujeres, en octubre de 2000; Niza,
en diciembre de 2000, con 50 000 manifestantes; Dakar, en
diciembre del 2000; Quebec, Cumbre de las Américas y paralelamente
La Cumbre de los Pueblos de América, en la que
participaron 700 organizaciones sociales del continente en
abril-mayo de 2001; Gotemborg, Suecia, Cumbre de la OMC
en junio de 2001, con 20 000 manifestantes; Barcelona,
donde se realizaría la reunión del Banco Mundial, la cual fue
suspendida pero de todas maneras se realizaron las protestas;
Génova, Cumbre del Grupo de los Ocho en julio de 2001;
Porto Alegre, Brasil, Foro Social Mundial, al cual acudieron
12 000 representantes de organizaciones sociales de todo el
mundo.
Otras protestas-reuniones a principios de 2001, con sus
consiguientes manifestaciones, se realizaron en Santiago,
Chile, y en Cancún, México. Otras reuniones corresponden
a las de Qatar, en donde se realiza la Conferencia Ministerial
de la OMC el 9 de noviembre de 2001, y de Porto Alegre, en
2002.
Cabe preguntar, ¿por qué y cómo surgen estos procesos de
resistencia global? ¿qué buscan expresar los hombres y mujeres
conscientes de los cambios que se generan en el mundo
actual? ¿qué deberá hacer la humanidad para lograr la superación
de las carencias que en vez de atenuarse se acentúan?
¿cómo evitar que estos problemas se conviertan en la causa
de inestabilidades de la comunidad de naciones?
ALGUNOS PROBLEMAS Y TENDENCIAS
Frente a los procesos de globalización encontramos que
paradójica y paralelamente se han revigorizado los nacionalismos
(etnonacionalismos), se han acentuado los esfuerzos
para revitalizar las identidades de ciertos grupos étnicos
o para constituirlas en otros sectores culturales del mundo,
y han regresado los sentimientos religiosos y los fundamentalismos
de diversa índole. Estos procesos de resistencia se dan
5. Marc Delepouve, Boletín Informativo ATTAC, núm 105, septiembre de 2001
.
COMERCIO EXTERIOR, MAYO DE 2002 387
en todo el mundo; han activado su potencialidad étnica reafirmando
su propia identidad, destacando simbólicamente aspectos
diferenciados de su cultura que se han convertido en referentes
de identidad.
Las mujeres y los hombres de la actualidad sienten que están
colocados en el centro del proceso de globalización, pero
también que han perdido la protección de las instancias que
antes contenían tales sucesos macrosociales. La vieja segmentación
entre países tiende a ser superada por una nueva segmentación
en el interior de éstos: por una parte, los grupos
culturales que poseen los conocimientos necesarios para generar
riqueza y comunicarse con el resto del mundo y, por otra,
los nuevos pobres excluidos por carecer de habilidades y de
oportunidades para entrar en el mercado de trabajo y las
nuevas redes de comunicación.
Los procesos globalizadores redundan en la redistribución
de privilegios y despojos, riqueza y pobreza, recursos y desposesión,
poder e impotencia, libertad y restricción. Las divisiones
territoriales y segregaciones de identidad que imponen
y promueven la globalización de los mercados y la
información no reflejan la diversidad de socios en pie de igualdad.
Apenas 22% de la riqueza mundial pertenece a los llamados
países en vías de desarrollo, que abarcan 80% de la
población mundial.
La competencia mundial por la máxima eficiencia con
los salarios más bajos y la persistencia en desarrollar un
modelo que no garantiza la sustentabilidad y el respeto a los
derechos humanos tienden a desestabilizar los sistemas
políticos. Frente a las amenazas que parten del sistema económico
globalizado las respuestas de la sociedad no se están
haciendo esperar.
La sociedad civil organizada empezó ya a manifestarse y
su actividad, principalmente en los foros internacionales, ha
ido creciendo en los últimos años. Aunque también se debe
observar la erosión de las unidades sociales de los países, provocada
por la privación, año tras año, de trabajo y seguridad
social a millones de personas y la consecuente negativa a aplicar
plenamente y en su totalidad los derechos humanos como
derechos de la humanidad que abarcan todos los ámbitos de
la vida individual y colectiva.
Es sabido que en una sociedad democrática no hay ciudadanos
que sobren; en todo caso tienen su voto y lo harán valer.
Para muchos cientos de millones de personas, el progreso
globalizado no existe o está en otra parte. Al respecto Martin
y Schumann señalan que: “Las tareas más nobles de los políticos
democráticos en el umbral del próximo siglo serán el
mantenimiento del Estado y el restablecimiento de la primacía
de la política sobre la economía. Si esto no ocurre, la fusión
dramáticamente rápida de la humanidad por medio de
la técnica y el comercio pronto se convertirá en su contrario
y llevará a un corto circuito global”.6
Si bien Seattle no fue el primer espacio de encuentro de un
organismo multilateral que generó movilizaciones de protesta,
sí fue la primera ocasión en la cual se concentró tal número
de manifestantes y en la que el mundo vio claramente la protesta
organizada. Después de Seattle se han realizado múltiples
reuniones de organismos internacionales multilaterales;
de ellas llamaron la atención las celebradas en Praga, Quebec
y Génova. En esta última las protestas tuvieron un giro inusitado:
la presencia de la violencia, la cual se debió fundamentalmente
a la represión desatada por la policía italiana,
pero también a un elemento que se había observado en reuniones
anteriores: la presencia de pequeños grupos partidarios
de la acción directa y del enfrentamiento y, por qué no
mencionarlo, de la provocación. Sin embargo, conviene destacar
que casi la totalidad de las redes y organizaciones defienden
la postura de la protesta pacífica.
Sectores diversos de la sociedad civil mundial se movilizan
hoy en torno a demandas comunes de la humanidad. Los
foros y las reuniones de los organismos multilaterales han sido
los espacios en los cuales se ha manifestado esta acción organizada
de la sociedad. El nivel ascendente de las protestas ha
puesto en jaque a los organizadores de estas reuniones, al grado
de que ya algunas se han suspendido, como la reunión del
Banco Mundial en Barcelona en junio del 2001, por temor
a la respuesta organizada de la sociedad.
Las sucesivas manifestaciones paralelas a las reuniones
multilaterales han logrado algunos resultados positivos, como
obligar a los líderes mundiales a prestar más atención a las organizaciones
no gubernamentales, a hacer menos secretas las
negociaciones en torno al libre comercio, y a abrir espacios para
el diálogo. Por ejemplo, mientras en la reunión de Cancún en
marzo de 2001 por un lado se reprimía violentamente a grupos
de manifestantes, por otro se abría un foro para escuchar
las propuestas de algunos sectores de la sociedad civil organizada.
De igual manera se anunció que en la Conferencia Ministerial
que se realizará en Doha, Qatar, el Secretariado de la
OMC tiene la intención de mantener reuniones con las ONG ,
en las que probablemente también haya representantes de los
estados miembro. Los delegados de las ONG que han publicado
estudios e informes sobre el tema de la reunión están invitados
a debatir sus trabajos en reuniones informales con las
delegaciones y el Secretariado. Asimismo, se ha planteado que
se desarrollarán conferencias diarias que permitirán a algunas
ONG “aceptadas” seguir las negociaciones. Habrá también
6. Martin Hans-Peter y Harald Schumann, “La trampa de la globalización”,
en El ataque contra la democracia y el bienestar, Taurus, México, 1999.
388 LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
informes sobre temas específicos, así como un taller que se
desarrollará en el centro de las ONG en Doha, además de que
se mantendrá un dialogo virtual en la página de internet de la
OMC desde la que se transmitirá información de lo que allí pase,
así como sobre el acceso de las organizaciones.
Si bien estas medidas son aún marginales, debe reconocerse
que, ante la fuerte presión de las organizaciones y sus
redes, se empiezan a abrir espacios para el diálogo. Aunque,
como es bien sabido, no son los grupos ni los sujetos verdaderamente
necesitados los que se rebelan. La incalculable
explosión política brota de sujetos y sectores sociales informados
y conscientes de las consecuencias de la globalización,
fundamentalmente por el aumento de la pobreza y la cada vez
más desproporcionada distribución de la riqueza entre las
naciones y dentro de ellas.
La nula participación de grandes segmentos de la población
en los beneficios del desarrollo tiene consecuencias en
otros ámbitos de la sociedad, y pone en peligro la democracia
y las condiciones de gobernabilidad.
CONCLUSIONES
Por la riqueza contenida en las declaraciones, convenios y
tratados sobre los derechos humanos, cada una de las tres
generaciones de éstos son un paso adelante para la humanidad;
son un peldaño superior en la sociedad esperada. Las
demandas de la sociedad no serían tales si todas las naciones
los aceptaran y los aplicaran.
Hay un mayor conocimiento y difusión de los derechos
civiles y políticos, o derechos de libertad, aunque la práctica
muestra que aún dista mucho para su pleno cumplimiento y
respeto. Con los derechos económicos, sociales y culturales o
derechos de igualdad —los cuales, como se señaló, tienen por
objetivo garantizar el bienestar económico, el acceso al trabajo,
a la educación y a la cultura de tal forma que aseguren el
desarrollo de los seres humanos y de los pueblos— se prefigura
un mundo diferente al que el modelo económico vigente nos
ha llevado.
Los derechos de la tercera generación, denominados derechos
de los pueblos o de solidaridad, son una meta más
difícil de alcanzar y una tarea pendiente.
La nula vigencia y la falta de aplicación de los derechos
humanos son las simientes de la respuesta de la sociedad civil
local y mundial organizada.
Las protestas de la sociedad civil mundial, que se despliegan
por cualquier lugar del mundo en que se realiza una reunión
para tomar decisiones en torno a la economía mundial
se están convirtiendo en un claro movimiento social
globalizado que entraña los más extendidos alcances simultáneos
en el mundo.
Todos los grupos, las organizaciones y las redes participantes
en las acciones contra la globalización parecen estar de
acuerdo en una serie de temas comunes relativos a la economía,
el comercio y sus consecuencias, pero no se observa consenso
en torno a lo que se busca, ni en cómo lograrlo.
Se puede también concluir señalando que hay una gran
diversidad de propuestas, ideologías e intereses; con una ausencia
notoria de propuestas colectivas de consenso. Al lado
de las organizaciones y redes más estructurados se presentan
también propuestas voluntaristas y activistas.
En este movimiento se observa claramente cómo los intereses
económicos globales del mundo occidental se han
superpuesto a los intereses sociales y políticos de todas las
naciones, ante los cuales los gobiernos, los partidos políticos
y la sociedad organizada no han encontrado una respuesta
adecuada.
Si se llegara a aceptar que los estados deben someterse a
las normas de los derechos humanos: los derechos civiles y
políticos o de libertad; los económicos, sociales y culturales
o de igualdad, y los de solidaridad o de los pueblos, se estaría
en camino de un mundo menos desigual, más democrático,
más libre y más solidario.
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